Cierto día leí el siguiente dilema de un empleado que había cometido una falta en su trabajo. Qué haría, se quedaba callado o reportaba su situación al jefe o se lo comunicaba al Gerente de la Gestión Humana. Por temor a una sanción, no se lo comunicaría al jefe, pero tampoco al Gerente de Gestión Humana ya que éste fue contratado por el presidente de la compañía y debía responder a sus necesidades, al fin y al cabo, éste le paga al Gerente de la Gestión Humana.
Definitivamente, el empleado debe actuar con responsabilidad y admitir su error. Si opta por decirle al Gerente de la Gestión Humana este actuará de acuerdo a lo establecido en los reglamentos y en las leyes, nunca apartado de los mismos. Deberá decidir con imparcialidad pero direccionado con criterios y principios humanos. Analizará los detalles de la falta cometida por el empleado y en esta parte verificará si es debido: 1) A un problema de actitud, que considero como el más complejo, para profundizar en su caso y ayudarlo a la reorientación de su conducta, y 2) si es un problema de aptitud, aplicará las medidas para que el empleado obtenga las competencias operativas o técnicas requeridas.
En síntesis, el Gerente de la Gestión Humana balancea su accionar, por un lado, en que la empresa logre los objetivos partiendo de una visión estratégica, dentro de un contexto sistémico y como alidado del negocio, y por otro, el lado humano, busca soluciones para evitar el conflicto, apegado al principio del "trato justo" y al respeto a la dignidad humana, de esta manera podrá tomar decisiones acertadas y justas, ya que su desempeño está vinculado a todos los trabajadores de todas las áreas, y a todos los procesos inherentes a su cargo (selección, desarrollo, evaluación, remuneración, etc.).
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